Hay algo en los tejidos de Silvina Martínez que no pertenece del todo a nuestro tiempo.
No por anacronismo, sino por profundidad.
Como si los hilos que entrelaza fueran también los de la memoria larga —esa que no nace con nosotros, sino que nos precede.
En Santuarios / Rituales del tiempo, instalación de gran formato concebida in situ para la Sala 3 del Museo Franklin Rawson, Silvina convoca a lo ancestral desde lo íntimo. Recrea, con materiales cotidianos, cuerpos envueltos, momias domésticas, formas detenidas entre el gesto de partir y el de quedarse. El espectador no solo observa, sino que es recibido. Como en un templo. Como en un santuario que no está hecho de piedra, sino de trapos, telas, nudos, polvo, silencio y aliento.
Silvina no reconstruye una cultura perdida.
La invoca.
Y en esa invocación, nos recuerda que hubo un tiempo —no tan lejano, no tan olvidado— en que las personas despedían a sus muertos con manos propias.
Un tiempo en que el ritual no era espectáculo, sino vínculo.
Cada pieza de la muestra parece nacer de una ceremonia personal.
Cada cuerpo envuelto, cada fragmento colgante, cada trapo resignificado, actúa como una ofrenda.
A la vida. A la muerte.
Y, sobre todo, al misterio que las une.
Hay una línea directa entre esta instalación y su obra Envoltorios, de la serie Guiñapos / Vidas arrebatadas, premiada en 2023. Pero aquí, la escala se multiplica, la escenografía se expande, el gesto íntimo se vuelve colectivo. El espacio entero se convierte en una cámara sagrada donde lo efímero adquiere forma y presencia.
El título lo dice todo: Santuarios.
Pero no cualquier santuario.
Uno levantado con lo que queda.
Con lo que duele.
Con lo que aún resiste.
Y también Rituales del tiempo, porque eso es esta instalación: una coreografía detenida en el aire. Un reloj sin números que marca la duración de lo humano cuando se encuentra con lo eterno.
Curada por el Licenciado en Artes Visuales y Director del propio museo, Emanuel Díaz Ruiz, esta propuesta no solo honra la trayectoria de más de cinco décadas de Silvina Martínez, sino que confirma su vigencia poética. Su capacidad de hacer del arte un espacio para lo inasible: la memoria, el duelo, la fe sin dogma, la belleza que nace del desgaste.
La muestra estará abierta durante los meses del 1er bloque expositivo 2025.
Pero sería un error postergar la visita.
Porque esta obra no se repite.
Como todo ritual verdadero, sucede una sola vez.
Y quien asiste, transforma su mirada para siempre.